Del Tacón a la Azada

Mi sobrina me llama su heroína, como bien dice del tacón a la azada, al verme de esta manera.  Otros, sin embargo, no comprenden como he podido cambiar mi vida en la gran ciudad que, según ellos, lo tenía todo: un trabajo de dirección en el que estaba muy considerada y ningún problema económico, por mi nueva vida en el campo, con una casa rural en la que hemos puesto todo nuestro esfuerzo y dinero  y que esperamos vaya funcionando lo suficientemente bien como para poder amortizarla.

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Tanto, mi marido como yo, hemos aprendido mucho en este tiempo y, a pesar de todas las dificultades que hemos tenido( no por el hecho de vivir en el campo que es lo mejor) si no por la cantidad de problemas que te encuentras al construir una casa y poner en marcha un negocio, el balance va siendo positivo. Cada vez vemos más cerca la terminación de todas la obras , que han sido muchas, sobre todo por lo que ha habido que deshacer y hacer de nuevo (el constructor no nos terminó la casa y además nos dejó algunas cosas mal hechas como el tejado que tuvimos que levantarlo y hacerlo de nuevo) y vamos disfrutando más de nuestra casa, del jardín, de la piscina, de los porches, de nuestro entorno, de los paseos hacia la canaleja o hacia la parrilla, de todos los animales que vemos: ciervos, buitres, águilas, lechuzas, ranas, pájaros y un largo etc. , de nuestros vecinos como el Tostonero y Piedad, que nos regalan melones y sandías de su huerta, de Emilia y Paca, a quienes compramos los huevos,  Martina y Daniel siempre tan encantadores y muchos más y sobre todo a Apolinar y Antonia, nuestros abuelillos, que tan buenos ratos hemos pasado con ellos y tantas veces nos invitaron a comer mientras que estuvimos haciendo la obra y de nuestros clientes.

¿Cambiaría mi vida de ahora por la de antes?. Rotundamente no. Allí me asfixiaba y el estrés me consumía, no veía más que asfalto y estaba deseando que llegará el fin de semana para salir fuera. Aquí me levanto y veo mi casa tan acogedora y  este paisaje tan bonito, que no tengo ganas de ir a ninguna parte y solo quiero quedarme aquí.

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